jueves, 23 de septiembre de 2010

Cómo piensan los adolescentes

Los adolescentes... ¿Quién los entiende? Pueden demostrar una madurez sorprendente en un momento, y luego se dan la vuelta y hacen de las suyas haciéndote salir de tus casillas.
De manera que, ¿cómo puedes ayudarte a ti mismo—y a tus hijos—a sentirte y a que se sientan mejor al tomar las llaves del auto? Para empezar, puedes ayudar a tus hijos a tomar decisiones de manejo más sensatas con la información que encontrarás a continuación.
A medida que aprendas cómo piensan los adolescentes, verás cómo el desarrollo de su cerebro, las influencias sociales y crecer en el mundo de hoy pueden influir en su forma de manejar.

El Cerebro Adolescente

Tus hijos pueden comenzar a tener la apariencia de adultos jóvenes—pero recuerda: Los que están detrás del volante son tus hijos. Y su cerebro aún debe crecer. Un cerebro adolescente en desarrollo puede hacer que un conductor adolescente corra más riesgos que un adulto. Tomar conciencia de eso es el primer paso para ayudar al adolescente a aprender a manejar con más precaución.
El cerebro continúa desarrollándose hasta los 25 años de edad. Eso significa que, a los 16 años, el cerebro sólo está parcialmente desarrollado.
Hay 5 causas principales de accidentes de adolescentes relacionadas con el cerebro adolescente.
  1. Temperamento arriesgado
  2. Limitaciones de su capacidad para resolver problemas
  3. Dificultades relacionadas con la ubicación, la distancia y la velocidad
  4. Distracciones
  5. Inexperiencia
Autores como Piaget defiende que la madurez cognoscitiva llega al adolescente debido a los cambios internos, como la maduración de su cerebro, y externos, como el ambiente social más amplio que ofrece mayores oportunidades para la experimentación. Esta serie de cambios que el joven experimenta son claves para su desarrollo y la ausencia de alguno de ellos puede ocasionar que tarde más tiempo en alcanzar la madurez cognoscitiva. Características típicas del pensamiento adolescente David Elkind realizó numerosos estudios a jóvenes adolescentes y a sus familias y concluyó que el pensamiento de las personas que tienes entre 12 y 18 años de edad se caracteriza por: encontrar fallos en las figuras de autoridad tendencia a discutir indecisión aparente hipocresía autoconciencia centrarse en uno mismo.

Con su nueva capacidad para imaginar y plantearse ideas a partir de otras ideas o conceptos, los adolescentes se vuelven conscientes de cómo podría ser el mundo en el que viven y se dan cuenta de que las figuras de autoridad, como padres tutores, que hasta ahora ellos consideraban como únicos poseedores del conocimiento, pueden equivocarse. Así, las figuras parentales y el profesorado se les caen del pedestal y los jóvenes comienzan a sentir el impulso constante de decirlo bien alto y con frecuencia. De ahí las constantes oposiciones a lo que los padres dicen y las comparaciones con lo que opinan o hacen los padres de los otros chicos y chicas. Por otro lado, a esta edad se tiene la necesidad de discutir sobre los temas que a uno le preocupan y así aportar el propio punto de vista. De esta forma se irá conformando la personalidad del futuro adulto y por ello, es necesario cuestionarse todo a su alrededor constantemente.

Tomar decisiones es otro tema que plantea muchas dificultades a los adolescentes Cuando se trata de ele ir entre dos o más posibilidades aunque se trate de cosas sencillas los adolescentes suelen bloquearse ya que hace muy poco tiempo que han comenzado a ser conscientes de que existen múltiples opciones que adoptar cuando afrontan una situación. Por lo que tardan mucho tiempo para decidir cosas tan sencillas como qué ponerse para ir a clase poniendo a prueba la paciencia de sus padres. Por otro lado, los jóvenes de estas edades parecen adoptar muchas veces posturas hipócritas, p ya que buscan ideales y los adoptan con gran pasión, pero sólo de forma conceptual porque después no actúan de forma consecuente con ese ideal. Este es el caso por ejemplo, de una chica que se hace vegetariana para que no maten a los animales pero luego le encantan las prendas de piel. Otro fenómeno que experimentan los chicos y chicas de esta edad es el de la autoconciencia imaginaria representada por un observador que existe sólo en la mente del adolescente y que le habla constantemente y de forma preocupada por su aspecto, conducta y pensamientos. La autoconciencia imaginaria censura y asesora al joven en todo lo que hace, ocasionándole más de algún problema ya que obstaculiza la decisión constante que tienen que hacer entre los que les interesa a ellos y a las personas con las que se relacionan. De ahí que parezcan tan egoístas. Además, tienden a creer que lo que opina su audiencia sobre ellos mismos es lo que piensan sus amigos, familiares, profesores e incluso desconocidos con los que se encuentran por la calle.

La última característica del pensamiento adolescente que se mencionó al comienzo de este artículo es el centrarse en sí mismo . Para aclarar este concepto, Elkind introduce el término mito personal que nos habla de la convicción que tienen los adolescentes de que son especiales, únicos y que no están sujetos a las reglas que rigen el resto del mundo. Con toda esta actividad en sus cabezas, no es de extrañar que los adolescentes siempre parezcan estar en su mundo y que a veces nos respondan de forma agresiva, como si los molestásemos. Seguramente que fue así: interrumpíamos la conversación que estaban teniendo con ellos mismos.





Cómo entender el razonamiento de los adolescentes

Al hablar con un adolescente, más de una vez habremos tenido la sensación de hablar idiomas diferentes. Te ayudamos a saber cómo piensan, y como deberías actuar en consecuencia

Los tiempos han cambiado, y mucho. Hoy en día, los padres pasan largas horas fuera de su casa a causa de sus obligaciones laborales, mientras que sus hijos son más bien criados por la televisión e Internet, medios que le muestran un mundo del que la mayoría de sus padres no tienen mucha noción.

Por ello, no es extraño que entre estos jóvenes y sus padres exista en ocasiones un abismo, especialmente en lo que se refiere a la comunicación.

Por eso mismo, para evitar que ese espacio se ensanche hasta límites irreversibles, los expertos recomiendan poner límites claros y hablar muy honestamente, desde temprano y de forma regular.

Con todo, no sería raro que muchos padres sientan que están hablando con un marciano cuando tratan de comunicarse con sus hijos adolescentes. Y viceversa.

A veces, en medio de las fuertes emociones que se generan en una discusión, o incluso en una charla casual cómo cualquier conversación diaria, cierta broma que para alguno de los dos puede ser algo menor, para el otro puede realmente parecer una ofensa que no aceptarían recibir.

En realidad, no es que los padres y sus hijos adolescentes no puedan comunicarse, sino que la distancia que los separa es a menudo difícil de salvar.

Los padres tienen suficientes problemas buscando recordar donde dejaron las llaves del coche, o si pagaron la factura del teléfono este mes, y no disponen de tiempo como para recordar cómo se sentían cuando eran adolescentes; sus hijos, por su parte, pueden encontrar directamente imposible imaginarse como es vivir sumido en las obligaciones diarias que implican mantener un trabajo y una casa.

Según afirman los especialistas, cuando los hijos llegan a los 17 o 18 años, ya son evidentes los mayores puntos de confrontación con sus padres, pues, de hecho, los chicos en esa edad ya han tenido en más de una oportunidad ásperas discusiones con sus progenitores.

Llegado este punto, se debe saber que, mucho más que la comunicación en si misma, importará la firmeza y el control (esto mismo puede suceder con las chicas y sus madres).

Sin embargo, para evitar llegar a estas situaciones, la comunicación y la negociación pueden ayudar mucho, y de hecho también podrían ser útiles para atemperar el calor de la discusión. Pero para saber como poner en práctica la comunicación, es necesario conocer como piensa quien se encuentra del otro lado.

Por eso, le presentamos cinco casos comunes de choques entre padres e hijos adolescentes, junto con un comentario sobre los que verdaderamente se piensa y por qué. Y, por su puesto, lo que podría hacerse, como padres, para llegar al mejor de los finales.

Situaciones comunes y cómo manejarlas

Un chico quiere salir de noche con algunos amigos, pero su padre no quiere darle permiso.

El padre: ¿Hay algún adulto que los acompaña? ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué estarán haciendo a esta hora? ¿Qué sucedería si los asaltan o tienen un accidente?

El hijo: Estos son mis amigos. Sabemos lo que hacemos. Yo no soy un bebé. ¿No confían mis padres en mí?

Los adolescentes están en una etapa complicada, en donde no son chicos pero tampoco son adultos, por lo que a menudo están en una posición donde quieren ser tratados como adultos pero no quieren tomar la responsabilidad que ello trae consigo.

Aquí, la respuesta de los padres debe ser que no es que no confíen, sino que sólo buscan cerciorarse de que una persona responsable estará con ellos para el caso de que haya una emergencia.

Tampoco sería mala idea que consulten con los maestros de sus hijos si ellos los creen responsable para ciertas actividades, y con lo adolescentes mismos para ver si están dispuestos a describir con todo detalle lo que piensan hacer y cómo planean mantenerse en contacto.

Si existen recaudos, dejarlos tomarse buenos momentos con sus amigos puede ser lo más beneficioso para ambos.

Pero en este caso concreto, si la salida consistirá simplemente en grupo de niños sin ninguna supervisión adulta, especialmente hoy en día, donde existe mucha delincuencia, lo mejor sería ser firme y prohibirlo.

Y si después de que los padres le nieguen el permiso, el chico se despacha con algo como "¿que es esto, un campo de prisioneros?"

Usted podría quizás decir, "Sí, si lo necesitas ver de esa manera. Serás libre en unos pocos años, pero en este momento vives en esta casa y bajo estas reglas".

La madre o el padre le dicen a la hija que debe limpiar su cuarto, pero luego encuentran que la joven apiló todo de forma totalmente desordenada en un oscuro rincón del armario.

Padres: Nosotros no podemos aceptar la manera en que ella mantiene su cuarto. ¿No le importa nada de que nosotros querramos tener una casa agradable y ordenada? ¡Es muy irrespetuosa!

Hija: Estoy demasiado ocupada, y no tengo tiempo de limpiar mi cuarto ¡Pero de todos modos, es mío así que no sé por qué debería importarle a ellos!

Según los expertos, existen muchos diferentes enfoques para tratar este conflicto. Uno de ellos sería diciendo al hijo que, después de todo, ese es su cuarto, por lo que si quieren mantenerlo hecho un lío, será problema de ellos, pero que no pidan que la “mucama” entre en ningún momento.



Otra táctica, que de todas formas puede no funcionar para todos los padres e hijos, será tener una postura igualmente conciliadora y reconocer que ambos conviven y todos son responsables en parte de todo, por lo que podrá proponer ayudar a limpiar el cuarto del chico si él lo ayuda a limpiar el auto.

Esta última propuesta, llegará también a ser, por lo menos, un proyecto conjunto y una oportunidad de mantener una conversación, pues muchas veces, esta clase de tareas compartidas brinda un momento propicio como para ir más allá de la simple obligación de la tarea.

 
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Estamos en un mundo CONSUMISTA, regidos por la ley del mercado, quien impone qué se debe consumir. Además impone modas, entre ellas, el consumo de sustancias.

En la década del 90 fue el boom del consumo de alcohol entre los adolescentes, y en menor medida sustancias ilegales.
En los ´70 fue la heroína (moda yanki) y hoy es común que los adolescentes consuman marihuana, alcohol y cuando se mezcla con pastillas la llamada ”jarra loca”.
Esto nos habla de un consumo cada vez más exacerbado y agresivo, fiel reflejo de este sistema globalizado.

El UNICO posible acercamiento y la reconstrucción de los lazos Padres/hijos, es que:
1- los padres entiendan que hay un entorno psicosocial que influenciará en la conducta de sus hijos
2- que los padres deben ser los referentes de sus hijos, deben dar el ejemplo, y no vale la frase "haz lo que yo digo y no lo que yo hago ó alguna vez hice!!"
3- entender que si bien hay diferencias generacionales con distintas visiones sobre la vida, éstas deben ser enriquecedoras para ambos:
en las diferencias se aprende

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